ciudad colaborativa

¿Ciudad colaborativa o ciudad inteligente?

¿Ciudad colaborativa, ciudad inteligente o mezcla de las dos?

Dada la constante necesidad de reinventar la ciudad, nos encontramos con dos escenarios emergentes: uno dirigido por los grandes actores de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), que promueven el modelo de ciudad inteligente o smart city; y el otro, que interconecta las acciones de los ciudadanos con los de las empresas de la Red, que defiende una ciudad colaborativa.

En ambos casos las tecnologías desempeñan una función principal y contribuyen a dar forma a estos nuevos escenarios.

La ciudad inteligente

A mediados de la década del 2000 surge la idea de smart city o ciudad inteligente. Este concepto pretende ser tanto un conjunto de acciones estratégicas para el futuro de la ciudad como un grupo de actuaciones basadas en las soluciones técnicas.

Red inteligente en la ciudad inteligente

Por soluciones técnicas nos referimos tanto a la energía como al transporte y las TIC, siendo estas últimas las que constituyen la base de todo el conjunto. En las redes energéticas les permiten convertirse en bidireccionales, es decir, tener en cuenta el consumo en tiempo real para ajustar  la producción y así poder optimizar  el funcionamiento de dichas redes, que es lo que se denomina smart grid o red inteligente.

Asociadas con el transporte, estas técnicas también se utilizan para enviar información a los usuarios en tiempo real. Se trata de la implementación de un conjunto de sensores distribuidos por toda la red urbana, de objetos conectados que permiten recoger una gran información que luego se pueda almacenar en una nube de datos, en la que pueden basarse los profesionales que dirigen los servicios públicos o bien aquellos gobiernan la ciudad. Los datos son, de hecho, la parte esencial de esta ciudad inteligente.

La ciudad distribuida y la ciudad colaborativa

Ante este patrón de control diseñado por los ingenieros en la smart city, surge otro modelo: la de la ciudad protagonizada por sus habitantes, la ciudad participativa, sostenible, enriquecida con nuevas actividades sociales y nuevas experiencias en P2P; la ciudad pensada como un bien común.

A diferencia de la smart city, esta proyección de la ciudad no es el resultado de un solo tipo de agentes–las industrias de TIC–, sino de una multiplicidad de iniciativas en las diferentes comunidades.

Por su parte, aunque no todas pretenden participar en el rediseño de la ciudad y en su desarrollo, muchas empresas de consumo colaborativo trabajan para conseguir una ciudad más sostenible, fomentando nuevas actividades económicas en el territorio y participando en la prestación de ingresos alternativos a sus habitantes.


Surge otro modelo: la de la ciudad protagonizada por sus habitantes, la ciudad participativa, sostenible, enriquecida con nuevas actividades sociales y nuevas experiencias en P2P; la ciudad pensada como un bien común.

Basadas en una plataforma digital en línea, organizando intercambios comerciales o no entre particulares, estas empresas también forman parte de una estructura distribuida. Dichas empresas sustituyen a los actores de un sector, más o menos concentrado, que tradicionalmente hacían de intermediarios.

AirBnB, por ejemplo, proporciona una alternativa a la hostelería tradicional y permite llevar a los turistas a las zonas donde no habrían llegado normalmente, y que de esta manera dejen ingresos a los arrendadores y comerciantes del barrio que de no ser así habrían sido improbables. Otro ejemplo, Blablacar que organiza viajes en coche compartidos, en ambos casos con la idea de reducir las intenciones de compra en beneficio de las de compartición.

Dos tipos ideales de ciudad colaborativa

Podemos afirmar que hay dos tipos ideales de ciudad: por un lado, la ciudad centralizada, una ciudad pensada como un sistema integrador, cuya gestión se realiza a través de una especie de torre que controla la arquitectura de la ciudad y los datos que circulan en ella, y por el otro, la ciudad distribuida, con un poder distribuido, que permite aumentar la capacidad de sus habitantes, fomentando el poder colectivo de las comunidades y la capacidad de adaptación de toda la ciudad por si misma.

Por su puesto, la realidad no es exactamente así sino que está más entremezclada. No todas las empresas quieren posicionarse en el modelo centralizado, y algunas han comprendido la necesidad de volver a involucrar a los ciudadanos en el futuro de su ciudad. Estas tienden a pensar en la ciudad inteligente más bien como un marco abierto, a través del cual circula un lenguaje común y se comparten datos, pero que tiene grandes iniciativas en cuanto a su diversidad y se basa en las necesidades de los ciudadanos.

Esta comunidad promueve el aprendizaje de ciudad a ciudad en materia de innovación urbana, y el intercambio de conocimientos entre los actores de la ciudad para acelerar su transformación.

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