Energía colaborativa

La energía colaborativa se basa en los principios de la economía colaborativa definiendo esta como un sistema de relaciones e iniciativas donde los bienes y servicios son compartidos entre particulares a través de Internet ya sea de forma gratuita o por un precio estipulado.

Cuando se habla de energía colaborativa nos estamos refiriendo a compartir la energía siendo la infraestructura para crearla de nuestra propiedad o no.

Se trata de crear comunidades capaces de producir, almacenar y compartir energía renovable, las cuales organizadas se convierten en mercados p2p de energía.

La empresa Sonnen, energía colaborativa en funcionamiento

Un ejemplo de energía colaborativa en funcionamiento es la empresa alemana Sonnen que empezó a conectar a Internet las más de 30.000 baterías domésticas que había vendido a sus clientes. Fue al analizar los datos de las baterías de dichos clientes cuando descubrieron que individualmente no conseguían equilibrar la producción para sí mismos pero que como comunidad productora si lo lograban.

En consecuencia han creado una comunidad con mas de 8000 socios en Alemania cuya plataforma gestiona automáticamente la energía generada por todos ellos. De tal forma que si en una zona hay un excedente de energía limpia se transporta a la zona donde haga falta, compensando de forma efectiva la oferta y la demanda.

Con todo el mayor problema que presenta este modelo es la creación de una red de transporte ya que crear una red paralela a la existente tendría un coste muy elevado. En el caso de Sonnen llegó a un acuerdo para utilizar la red ya existente para el transporte en Alemania, y la plataforma de la comunidad es la que se encarga de controlar la energía entrante y saliente de forma inteligente, donde el consumidor permite que le gestionen la batería y los generadores a cambio de una tarifa plana de coste muy reducido.

Ventajas de la energía colaborativa

Por tanto son muchas las ventajas que podemos obtener con este sistema:

  • Aumento de la producción mediante las energías renovables.
  • Ahorro en la factura de la luz (la energía podría salir prácticamente gratis).
  • Mejor funcionamiento del sistema eléctrico.
  • Y una mayor capacidad de gestión y autocontrol de la sociedad en cuanto a la eficiencia y producción energética.

A la vista de todo ello podemos concluir que la energía colaborativa se convierte en una nueva fórmula de producir y consumir energía dentro del universo de la economía colaborativa.

Paneles solares: autoconsumo

Parámetros a tener en cuenta a la hora de elegir paneles solares

Muchas personas que se adentran en el sector solar por primera vez con la intención de realizar una instalación de paneles solares en su vivienda se preguntan cuáles son los criterios que deben analizar para decidir que paneles deben elegir para su instalación de autoconsumo.

Los criterios más importantes a tener en cuenta son: eficiencia energética de las células fotovoltaicas, clasificación, durabilidad, resistencia de los paneles solares y garantías ofrecidas por el fabricante entre otras que se detallan a continuación.

1. Clasificación de los paneles solares

En el ámbito comercial, las placas solares fotovoltaicas se clasifican en función de su potencia pico (Wp), que es la potencia de salida o cantidad de energía que pueden producir en condiciones estándar a una temperatura de la célula de 25ºC. Esta potencia pico es la que viene indicada en la ficha técnica del producto y resulta muy útil para comparar diferentes marcas de paneles solares entre sí.

Las potencias que están disponibles en el mercado van desde los 200W hasta los 350W. Cuanto mayor sea la clasificación de los paneles, más eficientes serán estos a la hora de producir energía.

2. Tolerancia de potencia de salida en paneles solares

Durante el proceso de fabricación de los paneles solares, no todos son idénticos, sino que se produce una pequeña variación. Cuando nos referimos a la tolerancia de potencia, hablamos de cuánto puede diferir la potencia real (en %) de la clasificación que viene reflejada en la ficha técnica del panel.

Cuanto menor sea la tolerancia de potencia mejor. Además tendremos una mayor fiabilidad en relación al comportamiento del panel.

3. Rendimiento de los paneles solares

El rendimiento de un panel solar representa la eficiencia con la que una placa solar convierte la energía solar en energía eléctrica. Las placas solares disponibles en el mercado con mayor rendimiento están en torno al 21%.

Cuanto mayor es el rendimiento, la placa genera mayor cantidad de kWh de energía por cada vatio de potencia. Es decir, un panel de alta eficiencia genera más electricidad que un panel con una eficiencia estándar.

4. Coeficiente de temperatura de un panel solar

Aunque los paneles fotovoltaicos están específicamente diseñados para sacar el máximo provecho del sol, las elevadas temperaturas pueden reducir la capacidad de captación de energía del panel.

El coeficiente de temperatura del panel solar cuantifica como la potencia del panel disminuye con la temperatura cuando esta supera los 25ºC (temperatura estándar). Como regla general, por cada aumento de 2ºC sobre los 25ºC, los paneles solares producen un 1% menos.

Las placas solares fotovoltaicas que son pocos sensibles a los cambios de temperatura, tienen un mejor comportamiento y un mayor rendimiento a largo plazo.

5. Calidad de los paneles solares

Los fabricantes de paneles solares que cuentan con el certificado ISO 9000 cumplen con los estándares de calidad. Si bien es cierto que no disponer de dicho certificado no indica que se trate de un producto de calidad inferior, disponer de este certificado es sinónimo de calidad.

Por otro lado, es necesario mencionar que las placas solares de alta calidad son más caras pero, aseguran una producción de un 10% de media anual respecto a los paneles de menor calidad.

6. Durabilidad de un panel solar

La durabilidad de las placas solares es un factor de gran importancia. Mide el comportamiento del panel en condiciones medioambientales reales, es decir, la probabilidad de sobrevivir a lo largo de su vida útil al aire libre.

Para medir la durabilidad se realizan pruebas de esfuerzo sobre los paneles que simulan las décadas de desgaste de estos durante su vida útil. Dichas pruebas permiten asegurar que los paneles se han probado en condiciones extremas y que sobrevivirán a los diferentes agentes agresores a los que se vean sometidos.

Nieve y viento son dos de los factores que más afectan a la durabilidad de los paneles. Si se deposita nieve sobre las placas, se genera una carga extra que eleva de manera significativa la presión sobre la superficie de estas. Cuanto mejor sea su durabilidad y su comportamiento frente a estos agentes,  mejor soportará los efectos adversos de la climatología.

7. Garantías ofrecidas por los fabricantes de paneles solares.

La producción de energía disminuye año a año. El mayor descenso se produce durante el primer año, cuando la degradación del panel solar es mayor. La mayoría de fabricantes suelen ofrecer un 80% de garantía de producción durante los primeros 25 años por lo que cuanto mayor sea este porcentaje mucho mejor.

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¿Ciudad colaborativa o ciudad inteligente?

¿Ciudad colaborativa, ciudad inteligente o mezcla de las dos?

Dada la constante necesidad de reinventar la ciudad, nos encontramos con dos escenarios emergentes: uno dirigido por los grandes actores de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), que promueven el modelo de ciudad inteligente o smart city; y el otro, que interconecta las acciones de los ciudadanos con los de las empresas de la Red, que defiende una ciudad colaborativa.

En ambos casos las tecnologías desempeñan una función principal y contribuyen a dar forma a estos nuevos escenarios.

La ciudad inteligente

A mediados de la década del 2000 surge la idea de smart city o ciudad inteligente. Este concepto pretende ser tanto un conjunto de acciones estratégicas para el futuro de la ciudad como un grupo de actuaciones basadas en las soluciones técnicas.

Red inteligente en la ciudad inteligente

Por soluciones técnicas nos referimos tanto a la energía como al transporte y las TIC, siendo estas últimas las que constituyen la base de todo el conjunto. En las redes energéticas les permiten convertirse en bidireccionales, es decir, tener en cuenta el consumo en tiempo real para ajustar  la producción y así poder optimizar  el funcionamiento de dichas redes, que es lo que se denomina smart grid o red inteligente.

Asociadas con el transporte, estas técnicas también se utilizan para enviar información a los usuarios en tiempo real. Se trata de la implementación de un conjunto de sensores distribuidos por toda la red urbana, de objetos conectados que permiten recoger una gran información que luego se pueda almacenar en una nube de datos, en la que pueden basarse los profesionales que dirigen los servicios públicos o bien aquellos gobiernan la ciudad. Los datos son, de hecho, la parte esencial de esta ciudad inteligente.

La ciudad distribuida y la ciudad colaborativa

Ante este patrón de control diseñado por los ingenieros en la smart city, surge otro modelo: la de la ciudad protagonizada por sus habitantes, la ciudad participativa, sostenible, enriquecida con nuevas actividades sociales y nuevas experiencias en P2P; la ciudad pensada como un bien común.

A diferencia de la smart city, esta proyección de la ciudad no es el resultado de un solo tipo de agentes–las industrias de TIC–, sino de una multiplicidad de iniciativas en las diferentes comunidades.

Por su parte, aunque no todas pretenden participar en el rediseño de la ciudad y en su desarrollo, muchas empresas de consumo colaborativo trabajan para conseguir una ciudad más sostenible, fomentando nuevas actividades económicas en el territorio y participando en la prestación de ingresos alternativos a sus habitantes.


Surge otro modelo: la de la ciudad protagonizada por sus habitantes, la ciudad participativa, sostenible, enriquecida con nuevas actividades sociales y nuevas experiencias en P2P; la ciudad pensada como un bien común.

Basadas en una plataforma digital en línea, organizando intercambios comerciales o no entre particulares, estas empresas también forman parte de una estructura distribuida. Dichas empresas sustituyen a los actores de un sector, más o menos concentrado, que tradicionalmente hacían de intermediarios.

AirBnB, por ejemplo, proporciona una alternativa a la hostelería tradicional y permite llevar a los turistas a las zonas donde no habrían llegado normalmente, y que de esta manera dejen ingresos a los arrendadores y comerciantes del barrio que de no ser así habrían sido improbables. Otro ejemplo, Blablacar que organiza viajes en coche compartidos, en ambos casos con la idea de reducir las intenciones de compra en beneficio de las de compartición.

Dos tipos ideales de ciudad colaborativa

Podemos afirmar que hay dos tipos ideales de ciudad: por un lado, la ciudad centralizada, una ciudad pensada como un sistema integrador, cuya gestión se realiza a través de una especie de torre que controla la arquitectura de la ciudad y los datos que circulan en ella, y por el otro, la ciudad distribuida, con un poder distribuido, que permite aumentar la capacidad de sus habitantes, fomentando el poder colectivo de las comunidades y la capacidad de adaptación de toda la ciudad por si misma.

Por su puesto, la realidad no es exactamente así sino que está más entremezclada. No todas las empresas quieren posicionarse en el modelo centralizado, y algunas han comprendido la necesidad de volver a involucrar a los ciudadanos en el futuro de su ciudad. Estas tienden a pensar en la ciudad inteligente más bien como un marco abierto, a través del cual circula un lenguaje común y se comparten datos, pero que tiene grandes iniciativas en cuanto a su diversidad y se basa en las necesidades de los ciudadanos.

Esta comunidad promueve el aprendizaje de ciudad a ciudad en materia de innovación urbana, y el intercambio de conocimientos entre los actores de la ciudad para acelerar su transformación.

Economía colaborativa ¿Dónde?

Para fluenZity nunca hubo una oportunidad semejante de transformar la economía y dar el poder a los usuarios… ¿o sí?

Nos hablan en conferencias y medios de comunicación del boom de la economía colaborativa, pero ¿estamos presenciando un cambio real de manos del poder, de los antiguos monopolios (taxis, Corte Inglés, bancos, hoteles, …) a los nuevos oligopolios (Amazon, Uber, Revolut, AirBnB…)?

Los dinosaurios de la economía colaborativa

Los dinosaurios monopolísticos y corporativistas se retuercen intentando echar de su terreno de juego a los nuevos entrantes. Las autoridades se decantan por intentar minimizar el escándalo público que representan las huelgas que secuestran la libertad de los ciudadanos, pero no se preocupan por gestionar el problema de manera largoplacista, sino que lo hacen con la vista puesta en las estadísticas y en la imagen que proyectan en los ciudadanos, no pensando en las generaciones futuras.

El usuario / ciudadano y la economía colaborativa

El usuario/ciudadano, hoy en día, se ha convertido en un actor secundario en este escenario, en que los monopolios del pasado y del futuro, se tensionan ante las autoridades para repartirse de nuevo el pastel. Además, el usuario/cliente, se ha convertido en el producto que se mercadea en las grandes nubes. Esta nube le deja desamparado a él y sus intereses de un futuro que está a la vuelta de la esquina.

La realidad es que la economía colaborativa no es una nueva forma de economía.

No lo es a nivel de reparto de poder entre los que colaboran en esta economía, y los grandes actores que lideran esta economía. Estos últimos se convierten en nodos conectores de los diferentes oferentes que participan en la misma y acaban estando concentrados de una forma más acusada, teniendo en cuenta que su dominio de mercado es interregional, incluso mundial. China y otras excepciones, hacen que estos nuevos moguls, no acaparen el globo terráqueo. Por lo tanto, pasamos de monopolios, nacionales e incluso transnacionales, Europa, Latinoamérica, Asia, etc. a monopolios que recogen en su paraguas más de tres continentes. Esto es algo que, realmente, debe hacernos recapacitar.

¿Qué queremos?

¿Queremos que las decisiones sobre a qué barrios llega el servicio de transporte en nuestra ciudad se tomen en San Francisco Estados Unidos, como es el caso de UBER?  O que los recursos dedicados a la distribución de ciertos productos de primera necesidad se tomen al otro lado del atlántico, como es el caso de Amazon, que puede perfectamente, y una vez que se haya desprendido de sus competidores, decidir que no distribuye sus productos, por ejemplo, a las zonas rurales del Pirineo francés o del centro de Castilla.

«¿Queremos que las decisiones sobre a qué barrios llega el servicio de transporte en nuestra ciudad se tomen en San Francisco Estados Unidos, como es el caso de UBER?»

Dado que estamos en esta encrucijada, ¿cuál es la razón para no romper nuestros corsés de la imaginación y de la capacidad de visión estratégica y dar un paso valiente y crear desde Europa gigantes basados en un axioma diferente, en dar el poder al pueblo, en dar el poder de decisión a los miembros de la comunidad, a los que realmente son colaboradores, y por tanto artífices del éxito de dicha economía colaborativa. 

Economía colaborativa fluenZity

Demos a estos usuarios y colaboradores una gran parte del valor que generan dentro del proyecto, no un porcentaje de los ingresos, sino una participación en el accionariado, en los beneficios y en la capacidad de decisión de los diferentes pasos que se dan en esta economía.

Unido a esto, debemos ser capaces de darles a estos usuarios/colaboradores, la capacidad de decisión de forma consecuente con su labor y aportaciones, es decir, regir su destino y los principios sobre los que se basa el proyecto, de esa forma, si se trata de una comunidad colaborativa en la que se ponen en común los recursos de transporte particulares, como inicialmente se suponía que harían los Uber del mundo, realmente sean estos conductores y dueños de vehículos, los que, entre todos, deciden dónde se extiende la cobertura de los servicios que se ofrecen; en el caso de los repartos a domicilio o de las ventas al por menor, las decisiones se toman por los pequeños/medianos fabricantes de sus productos y no por parte del hub que los concentra, sea Amazon o Aliexpress.

Existe en este nuevo planteamiento dos variables importantes: el reparto del valor que se genera entre todos y el de cómo se hace el reparto de la toma de decisiones, para que la guía de los pasos que se den en el futuro no sea concentrada, sino que sea descentralizado.

¿Esta economía colaborativa es viable?, nos preguntamos desde fluenZity

Si hemos estado atentos a las publicaciones financieras de los últimos años, habremos visto el “palabro” de moda, blockchain o cadena de bloques. Hay miles de artículos hablando de esto, así que no voy a entrar en detalle en este asunto. Voy a destacar dos cosas:

1-  Para fluenZity blockchain no es un fin sino una herramienta;

2- Para flueZity no solo sirve como herramienta financiera, sino que es mucho más que eso, puede ser la palanca que de un vuelco a nuestra economía y transforme para siempre nuestras vidas haciendo desaparecer los monopolios, creando economías sostenibles basadas en los intereses de sus integrantes y, como hizo Internet con el acceso a la información que transforma nuestra sociedad, blockchain, pueda transformar de nuevo nuestras vidas, pero esta vez en la parte que más afecta a nuestros bolsillos y a los bolsillos de las siguientes generaciones….