La llegada del coche eléctrico. ¿Preparados para el cambio?

Después de un periodo de transición por parte de los automóviles híbridos, actualmente es el coche eléctrico el que está entrando con mucha fuerza en el parque automovilístico, siendo el del automóvil uno de los mercados clave de la economía mundial.

Tal es la realidad que los expertos coinciden en que en el futuro todos los coches utilizarán energía eléctrica, por lo que tan solo la pregunta que surge es cuántos años tardará el proceso de sustitución de los automóviles propulsados por gasolina o gasoil por los eléctricos, si los híbridos seguirán en su papel de vehículos de transición o, si por el contrario, el paso definitivo a la propulsión 100% eléctrica será mucho más rápido y directo de lo previsto.

En cualquiera de los casos quedan aún muchos retos tecnológicos y problemas logísticos por resolver, así como factores a tener en cuenta como la disponibilidad y velocidad de los puntos de recarga u otro muy importante como es la autonomía de los vehículos, aunque para todos ellos la tecnología tiene gran capacidad de evolución y conseguirá progresar rápidamente para dar solución en un corto espacio de tiempo a dichos factores.

Está claro que cuando la producción del coche totalmente eléctrico se generalice supondrá unos cambios muy importantes en cuestiones como: el medio ambiente, el uso de la energía y los mercados mundiales.

En otras palabras: el coche eléctrico va a cambiar las reglas de juego de nuestra economía cada vez más global e interconectada, lo que supondrá un impacto de gran envergadura en el mercado global.

Cambios en la industria del automóvil

Es el propio mercado de la automoción el que se verá más directamente afectado. Se avecina una revolución en el sector y está por ver qué consecuencias va a tener en una industria históricamente bastante reacia a los grandes cambios y dominada por unas pocas grandes marcas que se reparten la producción a nivel mundial.

Los cambios afectarán no solo a fabricantes directos, sino también a empresas de servicio y suministradores, ya que los vehículos con motores eléctricos tienen un principio de funcionamiento distinto a los de combustión, y para el que necesitan un mantenimiento y unas piezas de recambio muy distintas.

Al mismo tiempo, se está produciendo un cambio radical en las cuotas de mercado del automóvil a favor de marcas emergentes, innovadoras y pioneras como es el caso de Tesla.

coche eléctrico

Cambios en el mercado energético

Otro sector que se verá afectado por las consecuencias de la generalización de los coches eléctricos será el energético. Hay que tener en cuenta que, a día de hoy, prácticamente la mitad del consumo de petróleo mundial se destina a la fabricación de combustibles para vehículos de explosión bien de gasolina o gasoil.

El cambio del tipo de energía para propulsar los automóviles supone una notable pérdida del protagonismo del petróleo a favor de otras fuentes de energía, como la eólica, solar o la hidráulica.

Esta transición ya en marcha, apunta a que podrá cambiar el actual organigrama mundial, puesto que se producirá una menor dependencia de los países productores de petróleo a favor de los productores de energías alternativas.

Proceso de sustitución

Los coches eléctricos tienen, en principio, muchas ventajas. Una de ellas es que contaminan mucho menos al no contar con motores de explosión. Por lo que cuando los gobiernos asuman que estos vehículos mejoran en gran medida los índices de contaminación de las grandes ciudades y que de este modo,  la salud y calidad de vida de los ciudadanos se ve favorecida, aumentarán mediante leyes y ayudas las tasas de sustitución de los vehículos.

Este dato puede ser muy positivo para el sector, pero para poder alcanzarlo con éxito hay que tenerlo todo muy bien preparado con capacidad de conseguir un alto ritmo de fabricación y mantenimiento de un producto del sector del automóvil, muy diferente al que estamos acostumbrados con los vehículos de gasolina o gasoil.

Queda claro pues que la generalización de la producción del coche eléctrico va a suponer un punto de inflexión no solo en la industria del automóvil, sino también en la economía mundial. Tratar de ignorarlo o minimizarlo, por parte de los gobiernos así como de las empresas del sector automovilístico y energético, sería un gran error.

El cambio está en marcha y ha venido para quedarse, esa es la realidad. Si quieres empezar desde ya siendo partícipe del cambio, descarga nuestra app y empieza a ser un CityZen.

Energía colaborativa

La energía colaborativa se basa en los principios de la economía colaborativa definiendo esta como un sistema de relaciones e iniciativas donde los bienes y servicios son compartidos entre particulares a través de Internet ya sea de forma gratuita o por un precio estipulado.

Cuando se habla de energía colaborativa nos estamos refiriendo a compartir la energía siendo la infraestructura para crearla de nuestra propiedad o no.

Se trata de crear comunidades capaces de producir, almacenar y compartir energía renovable, las cuales organizadas se convierten en mercados p2p de energía.

La empresa Sonnen, energía colaborativa en funcionamiento

Un ejemplo de energía colaborativa en funcionamiento es la empresa alemana Sonnen que empezó a conectar a Internet las más de 30.000 baterías domésticas que había vendido a sus clientes. Fue al analizar los datos de las baterías de dichos clientes cuando descubrieron que individualmente no conseguían equilibrar la producción para sí mismos pero que como comunidad productora si lo lograban.

En consecuencia han creado una comunidad con mas de 8000 socios en Alemania cuya plataforma gestiona automáticamente la energía generada por todos ellos. De tal forma que si en una zona hay un excedente de energía limpia se transporta a la zona donde haga falta, compensando de forma efectiva la oferta y la demanda.

Con todo el mayor problema que presenta este modelo es la creación de una red de transporte ya que crear una red paralela a la existente tendría un coste muy elevado. En el caso de Sonnen llegó a un acuerdo para utilizar la red ya existente para el transporte en Alemania, y la plataforma de la comunidad es la que se encarga de controlar la energía entrante y saliente de forma inteligente, donde el consumidor permite que le gestionen la batería y los generadores a cambio de una tarifa plana de coste muy reducido.

Ventajas de la energía colaborativa

Por tanto son muchas las ventajas que podemos obtener con este sistema:

  • Aumento de la producción mediante las energías renovables.
  • Ahorro en la factura de la luz (la energía podría salir prácticamente gratis).
  • Mejor funcionamiento del sistema eléctrico.
  • Y una mayor capacidad de gestión y autocontrol de la sociedad en cuanto a la eficiencia y producción energética.

A la vista de todo ello podemos concluir que la energía colaborativa se convierte en una nueva fórmula de producir y consumir energía dentro del universo de la economía colaborativa.

¿Ciudad colaborativa o ciudad inteligente?

¿Ciudad colaborativa, ciudad inteligente o mezcla de las dos?

Dada la constante necesidad de reinventar la ciudad, nos encontramos con dos escenarios emergentes: uno dirigido por los grandes actores de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), que promueven el modelo de ciudad inteligente o smart city; y el otro, que interconecta las acciones de los ciudadanos con los de las empresas de la Red, que defiende una ciudad colaborativa.

En ambos casos las tecnologías desempeñan una función principal y contribuyen a dar forma a estos nuevos escenarios.

La ciudad inteligente

A mediados de la década del 2000 surge la idea de smart city o ciudad inteligente. Este concepto pretende ser tanto un conjunto de acciones estratégicas para el futuro de la ciudad como un grupo de actuaciones basadas en las soluciones técnicas.

Red inteligente en la ciudad inteligente

Por soluciones técnicas nos referimos tanto a la energía como al transporte y las TIC, siendo estas últimas las que constituyen la base de todo el conjunto. En las redes energéticas les permiten convertirse en bidireccionales, es decir, tener en cuenta el consumo en tiempo real para ajustar  la producción y así poder optimizar  el funcionamiento de dichas redes, que es lo que se denomina smart grid o red inteligente.

Asociadas con el transporte, estas técnicas también se utilizan para enviar información a los usuarios en tiempo real. Se trata de la implementación de un conjunto de sensores distribuidos por toda la red urbana, de objetos conectados que permiten recoger una gran información que luego se pueda almacenar en una nube de datos, en la que pueden basarse los profesionales que dirigen los servicios públicos o bien aquellos gobiernan la ciudad. Los datos son, de hecho, la parte esencial de esta ciudad inteligente.

La ciudad distribuida y la ciudad colaborativa

Ante este patrón de control diseñado por los ingenieros en la smart city, surge otro modelo: la de la ciudad protagonizada por sus habitantes, la ciudad participativa, sostenible, enriquecida con nuevas actividades sociales y nuevas experiencias en P2P; la ciudad pensada como un bien común.

A diferencia de la smart city, esta proyección de la ciudad no es el resultado de un solo tipo de agentes–las industrias de TIC–, sino de una multiplicidad de iniciativas en las diferentes comunidades.

Por su parte, aunque no todas pretenden participar en el rediseño de la ciudad y en su desarrollo, muchas empresas de consumo colaborativo trabajan para conseguir una ciudad más sostenible, fomentando nuevas actividades económicas en el territorio y participando en la prestación de ingresos alternativos a sus habitantes.


Surge otro modelo: la de la ciudad protagonizada por sus habitantes, la ciudad participativa, sostenible, enriquecida con nuevas actividades sociales y nuevas experiencias en P2P; la ciudad pensada como un bien común.

Basadas en una plataforma digital en línea, organizando intercambios comerciales o no entre particulares, estas empresas también forman parte de una estructura distribuida. Dichas empresas sustituyen a los actores de un sector, más o menos concentrado, que tradicionalmente hacían de intermediarios.

AirBnB, por ejemplo, proporciona una alternativa a la hostelería tradicional y permite llevar a los turistas a las zonas donde no habrían llegado normalmente, y que de esta manera dejen ingresos a los arrendadores y comerciantes del barrio que de no ser así habrían sido improbables. Otro ejemplo, Blablacar que organiza viajes en coche compartidos, en ambos casos con la idea de reducir las intenciones de compra en beneficio de las de compartición.

Dos tipos ideales de ciudad colaborativa

Podemos afirmar que hay dos tipos ideales de ciudad: por un lado, la ciudad centralizada, una ciudad pensada como un sistema integrador, cuya gestión se realiza a través de una especie de torre que controla la arquitectura de la ciudad y los datos que circulan en ella, y por el otro, la ciudad distribuida, con un poder distribuido, que permite aumentar la capacidad de sus habitantes, fomentando el poder colectivo de las comunidades y la capacidad de adaptación de toda la ciudad por si misma.

Por su puesto, la realidad no es exactamente así sino que está más entremezclada. No todas las empresas quieren posicionarse en el modelo centralizado, y algunas han comprendido la necesidad de volver a involucrar a los ciudadanos en el futuro de su ciudad. Estas tienden a pensar en la ciudad inteligente más bien como un marco abierto, a través del cual circula un lenguaje común y se comparten datos, pero que tiene grandes iniciativas en cuanto a su diversidad y se basa en las necesidades de los ciudadanos.

Esta comunidad promueve el aprendizaje de ciudad a ciudad en materia de innovación urbana, y el intercambio de conocimientos entre los actores de la ciudad para acelerar su transformación.

Tengo un coche eléctrico. ¿Cuánto me va a costar?

¿Cuánto cuesta cargar un coche eléctrico?

Aunque actualmente no se pude decir que los coches eléctricos estén bastante extendidos en España, lo cierto es que, poco a poco, empiezan a tener una presencia considerable en el parque automovilístico. Teniendo en cuenta el estado de contaminación que presenta el aire de las grandes ciudades y su área metropolitana, más que una tendencia, el vehículo eléctrico se convierte en una necesidad.

Sin embargo, todavía existe un problema de información en torno a los coches eléctricos y sus costes. Y es que, al preguntarles, la mayoría de los conductores ni siquiera saben cuánto les podría costar cargar las baterías de un coche eléctrico en una “electrolinera” o cualquier otro punto de recarga. Por ello desarrollaremos estas y otras cuestiones fundamentales, a continuación.

¿Cuánto cuesta recargar un coche eléctrico en casa?

Recargar la batería del vehículo en la vivienda o el garaje comunitario

En estos momentos, es la alternativa más habitual. En concreto, se basa en la carga de la batería mediante un punto colocado en la plaza de parking o en el garaje individual del propietario de una vivienda. Este suele estar conectado a la toma de corriente de la casa y facturar a partir de su propio contador.

Ahora vamos a tomar como ejemplo un coche eléctrico cuya autonomía completa sea de 300 km reales y que posea un gasto energético de 12 kWh/100 km en condiciones normales. En este sentido, debemos aclarar que, como sucede en los vehículos gasolina y diésel, el tipo de conducción, la orografía del terreno y la temperatura ambiental influyen sobre el gasto.

Si para realizar 100 km este coche eléctrico precisa de 12 kWh, para recorrer 300 km precisará de 36 kWh. Y, si el precio del kWh hora es 0,147 €, la recarga completa de la batería costaría al usuario 5,29 €. Para que te hagas una idea del ahorro que suponen este tipo de vehículo, basta decir que un vehículo diésel medio, en la misma cantidad de kilómetros, necesita, de media, 16,50 € de combustible.

La Tarifa Vehículo Eléctrico (Tarifa 2.0 DHS)

Lo que muchos no saben es que, en estos momentos, los propietarios de un coche de estas características tienen derecho a acogerse a la “Tarifa Vehículo Eléctrico” de su compañía. Esta, anteriormente, era conocida como Tarifa Súper Valle y, hoy en día, se denomina con el nombre técnico de Tarifa 2.0 DHS.

Esta tarifa comprende tres períodos horarios:

  • Período Punta. Abarca desde las 13.00 a las 23.00 y es el más caro.
  • Período Valle. Comprende de las 23.00 a la 1.00 y de las 7.00 a las 13.00. Es el intermedio.
  • Período Súper Valle. Va desde la 1.00 a las 7.00 y es el más barato.

El Período Súper Valle, como resulta obvio, es el más adecuado para la recarga del vehículo eléctrico ya que cuando menos se usa es durante la noche. Teniendo en cuenta los datos que nos ha proporcionado Red Eléctrica de España, el precio del kWh, con sus correspondientes impuestos añadidos, es, aproximadamente, el siguiente:

  • Período Punta = 0,155 €/kWh
  • Período Valle = 0,1 €/kWh
  • Período Súper Valle = 0,08 €/kWh

Teniendo en cuenta estos datos y utilizando la autonomía que hemos citado en el ejemplo anterior, podemos determinar que el precio aproximado de cargar las baterías al completo en cada tarifa es el siguiente:

  • Período Punta = 5,58 €
  • Período Valle = 3,6 €
  • Período Súper Valle = 2,88 €

Como se puede comprobar, el ahorro respecto a la tarifa fija es muy significativo, sobre todo, haciendo ajustes para abarcar el mayor número de horas posibles en la Tarifa Súper Valle. La comparación con los vehículos diésel es todavía más llamativa.

¿Cuánto cuesta cargar un vehículo eléctrico fuera de casa?

Es obvio que cargar el coche en la vía pública o en una “electrolinera” va a tener un precio mayor que en nuestra propia casa, si bien es cierto que en algunos lugares se podrá hacer de manera, al menos aparentemente, gratuita. De hecho, si se va a realizar un viaje largo, lo normal es que tengamos que hacer alguna parada en el camino para recargar las baterías.

Cuando hemos hecho referencia a cargas gratuitas en mitad de las ciudades estamos pensando en aquellos puntos de recarga que instalan en sus parkings para este tipo de vehículos: centros comerciales, hoteles, supermercados y restaurantes, entre otros. Por lo general, la ley establece que debe haber uno por cada 40 plazas de aparcamiento, aunque cada vez son más los locales que ofrecen este tipo de servicio gratis para fomentar el consumo dentro de sus negocios.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la mayoría de opciones de este tipo son propuestas de las autoridades públicas de las grandes ciudades. Por ejemplo, ya es posible encontrarlas en  Madrid, Barcelona o Málaga. En muchas ocasiones, aprovechan la energía generada por el sistema de metro o por los trenes AVE para suministrar electricidad a los coches en formato de carga normal o rápida y mediante cable o vía inalámbrica.

El caso de las “electrolineras

Haciendo un cálculo rápido, si solo cargásemos las baterías de nuestro coche en casa y durante la noche, probablemente nuestro gasto mensual oscilaría entre los 10 € y los 20 €. De hecho, tendríamos que hacer, de media, 2000 km para alcanzar esas cifras, lo que no está nada mal si nos movemos sobre todo por el ámbito urbano y metropolitano de tu ciudad. Pero, si tenemos que recurrir a las “electrolineras”, que son los únicos establecimientos para coches eléctricos habilitados para vender electricidad ya que están certificados como gestores de carga por el Gobierno de España, la cosa cambia.

Es difícil establecer el precio del kWh en este tipo de establecimientos ya que depende de muchos factores. Sin embargo, atendiendo a los datos que podemos recopilar, las tarifas suelen rondar entre los 0,20 y los 0,55 €/kWh. Una diferencia tan grande entre máximo y mínimo se debe, fundamentalmente, a que, además de la hora a la que se efectúa la carga, influye la velocidad.

Teniendo en cuenta estos datos y que, en el momento de parar en la electrolinera, el precio del kWh marcase 0,35 €/kWh, el valor total de recargar por completo la batería del vehículo de ejemplo al que hicimos referencia anteriormente sería de 12,60 €. Se trata de una cifra bastante superior a la que habría que pagar cargando el coche en casa, pero aún así bastante inferior a la de dar la misma autonomía a un automóvil diésel.

Por último, significar que el coste de las infraestructuras necesarias para poner en funcionamiento una “electrolinera” también es muy elevado, lo que ha inducido al Gobierno a permitir un rango de precios tan alto. Para que nos hagamos una idea, solo uno de estos puntos que esté habilitado con tecnología de carga rápida puede llegar a costar hasta 40.000€ (Los más sencillos rondan los 3.000€). Unos precios que las grandes cadenas de gasolineras, en principio, no parecen estar dispuestas a asumir para incrementar la red.

¿Y si cambiamos el modelo? En nuestra Zity sabemos cómo. Empieza un nuevo modelo de vida.

fluenZity: primera Comunidad de Economía Participativa

fluenZity crece cada día más

¡¡¡¡Guau!!!! Estamos creciendo más rápido de lo que todos pensábamos. 

Sabemos que es gracias a vosotros y queremos que sepáis que siempre nos vais a tener con vosotros. Estamos creando entre todos la Primera Comunidad de Economía Participativa, vamos a conseguir muchas cosas positivas para ti, para fluenZity y también para el resto de la Sociedad.

fluenZity es una Comunidad a modo de ciudad, en la que vas a ser tú el protagonista. Los Zitycens como tú, sois los que vais a votar qué proyectos queréis que montemos entre todos. Sois vosotros, los Zitycens los que vais a ganar la mayor parte de los beneficios que se generen dentro de fluenZity ¿Has mirado tu wallet? Seguro que ves cómo suben tus ingresos. Pero si miras en el perfil, verás los ahorros que tienes también. Mola ¿eh?

Por ello la hemos llamado así, porque es la ciudad en la que todos juntos hacemos que todo fluya. Todos aportamos nuestro granito de arena y todos conseguimos beneficios con ello. Estamos hablando de la Economía Participativa. Todo ello ganando ZTY y ahorrando.

Si esto te parece bien, imagínate a tus amigos. Se el primero en invitarlos y gana más ZTYs. Solo a tus amigos de confianza.

Pero te preguntarás cómo lo vamos a conseguir

¿Has oído hablar de la Economía Colaborativa (Sharing Economy)? Pues, estamos construyendo juntos el siguiente paso. Somos una Comunidad de individuos libres que aporta aquello que puede servirle a otro pero que en principio nos sobra a nosotros. Hemos empezado por el WiFi, porque es lo más sencillo de entender. El WiFi de tu casa no lo usas todo el día. En ese momento que no lo usas, a otros les puede venir estupendamente bien. En otras ocasiones, el que lo necesita puedes ser tú y siempre lo encontrarás en el mapa de fluenZity.

Pero no nos quedamos en compartir aquello que nos sobra, sino que vamos más allá. Dado que ya somos miles, conseguiremos también descuentos, beneficios en servicios que todos necesitamos y que vas a poder disfrutar a costes muy por debajo de lo que estás pagando hoy. 

¿Imaginas ahorrar más de un 20% en servicios como la electricidad, gas o en el seguro de tu coche y además ganar ZTY que vas a poder gastar en todos los servicios que se ofrezcan en fluenZity? 

Para que los proveedores puedan ofrecer servicios, tendrán que comprar ZTY y si pagas en ZTY, te saldrá aún más barato y por último una parte del ahorro que vamos a conseguir de estos servicios, irá para pagar el mantenimiento y organización de fluenZity. Así de sencillo. 

Además, crecemos a base de invitaciones, para que todos los que participamos seamos gente de fiar. Invita a tus amigos y disfruta con ellos del movimiento fluenZity.

¿Cómo puedes ganar y hacer más grande fluenZity?

Como sabes, en la Economía Participativa, puedes empezar aportando el WiFi de tu casa, el del café que visitas todas las mañanas o el de tus oficinas, siempre que el jefe te de permiso, claro. Muchos ya lo estáis haciendo y por eso, tenemos millones de redes WiFi que ya puedes usar. Cada vez que subas una red WiFi, te damos 30 ZTYs y los puedes ver en tu Monedero. 

Si invitas a tus amigos o vecinos de confianza, te damos 70 ZTY por cada uno de los que se registren. Además, cuantos más seamos, más grandes serán las ventajas que consigamos para todos.

Sigue aumentando los ZTY en tu Monedero y los podrás traspasar a tus amigos cuando quieras.

¿Cómo sabré si me están dando lo que me corresponde?

fluenZity está basada en Blockchain, de hecho, los ZTY son monedas creadas en Blockchain y esto significa que las operaciones que se hagan, son públicas y transparentes. Cualquiera va a poder ver si se hacen las compensaciones que se han acordado. Todo ello sin que aparezcan los nombres o identificación personal de cada uno, claro. La privacidad es fundamental y Blockchain lo garantiza.

Te iremos informando de todo lo que puedes hacer para ganar ZTY.

¡¡¡Y lo más importante!!!! Blockchain nos permite a todos votar por lo que queremos que sea fluenZity

Pero además los Zitycens como tú, sois los que vais a votar todas las decisiones importantes:

– quiénes son los proveedores.

– cuánto les vamos a compensar a los proveedores.

– cuáles son los nuevos proyectos que lanzar y cuáles son los servicios que vamos a aportar a fluenZity.

Cada ZTY te dará un voto y cuantos más ZTY más fuerza tendrás con tus votos.

Ya sabéis que fluenZity es una ciudad y nosotros los Zitycens, somos los alcaldes que votamos cada una de las cosas que se deciden dentro de fluenZity

Así que cuantos más amigos invites, más ZTY ganas para poder gastar y más fuerza tendrá tu voto más.

¡¡¡¡Que paséis un gran día!!!!

Economía Compartida 2.0. El cambio disruptivo real

¿Cómo podemos llevar a cabo el cambio real de economía colaborativa a economía compartida 2.0.?

Efectivamente, como hemos dicho antes de la pausa para el café, la economía compartida (la economía colaborativa actual) tienen una serie de ventajas, pero no son en sí mismo un cambio de paradigma económico. Son solo un cambio de manos de poder de unos monopolios a otros.

La gran oportunidad ante la que nos encontramos con fluenZity es poder aplicar lo aprendido de estos modelos de economía compartida, economía colaborativa, y añadirle los elementos que nos pueden ayudar a generar un cambio disruptivo real.

¿Cómo podemos hacerlo? fluenZity y el Blockchain 

Efectivamente, Blockchain, nos permite reequilibrar de forma no concebida hasta ahora, algunas de las variables que influyen en esta ecuación: 

Blockchain y el sistema de contabilización de activos

En primer lugar, nos permite poner en valor los activos que actualmente se encuentran infrautilizados y que, gracias a Internet y a los modelos de compartición real, pueden tener una segunda oportunidad. Voy a introducir una anécdota que ilustra hasta qué punto, esto resulta familiar para mí:

Yo nací en la zona madrileña del Rastro, cosa de lo que me siento orgulloso. Para los que no conozcan, el Rastro de Madrid es una especie de zoco o mercado al aire libre que discurre por las calles de la parte vieja de la ciudad. Sobre el Rastro, había un dicho que rezaba así: «una, dos y tres, una, dos y tres. Lo que usted no quiera, para el Rastro es.» Es decir, las cosas viejas que unos no quieren pueden ser muy útiles para otros.

En las economías compartidas, eso es un potencial que por ejemplo Uber y Cabify, no cumplen, dado que los vehículos que utilizan son nuevos, cosa que contenta enormemente a los concesionarios de coches. Para esto, Blockchain, nos aporta un sistema de cuantificación de los activos, al permitir la tokenización de los mismos y establecer una forma de contabilizarlos, así como las transacciones que se realicen sobre ellos.

Blockchain y obtener un beneficio

La segunda variable que introducimos con Blockchain, es la de compensar adecuadamente a los que aportan dichos activos y hacerlo no solo pecuniariamente, sino con participación en el beneficio de la Comunidad y en la generación de valor a medio y largo plazo de la misma en función de las aportaciones que realizan cada individuo.

«Economía Compartida 2.0 = Economía Compartida + BlockChain – Poder Monopolístico»

Blockchain y dar el poder a la comunidad


En tercer lugar, gracias a Blockchain, podemos introducir algo que muy pocas iniciativas se han preocupado de aportar en la llamada economía compartida: dar a los miembros que forman la Comunidad la oportunidad de ser miembros activos en la toma de decisiones y estrategia del proyecto. Pasar a ser dueños de su destino. 

Está en boca de todos la palabra democracia, pero en algo tan avanzado y que tiene tanta trascendencia como Internet, nos encontramos en la situación de que la mayoría de las veces, estamos ante el Internet que los grandes monopolios informativos les interesa vendernos.

Esto da para otro artículo, pero solo hay que ver, hasta qué punto los radicalismos, son retroalimentados por lo que las masas ven en Internet y cómo Internet ha pasado de una herramienta increíble para culturizar, a una herramienta tremendamente eficaz para verter información sesgada sobre las masas.

Pues bien, en estos momentos gracias a Blockchain, podemos reconquistar el poder de decisión sobre nuestro destino, al menos del destino de nuestra Comunidad; del destino de la Comunidad en la que compartimos nuestros recursos. Es lo que llamamos la descentralización del poder que aporta Blockchain y que, en este caso, nos permite aplicarlo a algo tan beneficioso como una economía sostenible a medio y largo plazo.

Blockchain es transparente

Como cuarto elemento y consustancial con Blockchain está la transparencia que ofrece y garantiza dicho protocolo y que nos permite generar, lo que todos buscamos cuando nos encontramos en un entorno económico y transaccional, la confianza. 

Esa confianza que nos va a permitir, saber que, si aportamos un activo y se usa dicho activo, la compensación que percibamos en la preacordada y que no va a ser necesario entrar en disputas o disensos y que, si eventualmente se entrara en los mismos, estos serían resueltos de acuerdo a unas normas y reglas previamente establecidas.

Compensación a todos los miembros de la Comunidad; toma de decisiones descentralizada; transparencia y confianza, unido a la utilización de activos que eran infrautilizados. Todo ello unido, nos da una economía sostenible a medio y largo plazo.

Si unimos en un solo punto los cuatro elementos anteriormente mencionados y los aportamos a Comunidades de individuos con ciertas afinidades, conseguimos un resultado altamente ventajoso para cualquier planteamiento económico aplicado en la actualidad.

Es lo que los economistas hoy en día han comenzado a llamar Economía Participativa o Economía Compartida 2.0 y lo que empezamos a construir aquí.

Economía colaborativa ¿Dónde?

Para fluenZity nunca hubo una oportunidad semejante de transformar la economía y dar el poder a los usuarios… ¿o sí?

Nos hablan en conferencias y medios de comunicación del boom de la economía colaborativa, pero ¿estamos presenciando un cambio real de manos del poder, de los antiguos monopolios (taxis, Corte Inglés, bancos, hoteles, …) a los nuevos oligopolios (Amazon, Uber, Revolut, AirBnB…)?

Los dinosaurios de la economía colaborativa

Los dinosaurios monopolísticos y corporativistas se retuercen intentando echar de su terreno de juego a los nuevos entrantes. Las autoridades se decantan por intentar minimizar el escándalo público que representan las huelgas que secuestran la libertad de los ciudadanos, pero no se preocupan por gestionar el problema de manera largoplacista, sino que lo hacen con la vista puesta en las estadísticas y en la imagen que proyectan en los ciudadanos, no pensando en las generaciones futuras.

El usuario / ciudadano y la economía colaborativa

El usuario/ciudadano, hoy en día, se ha convertido en un actor secundario en este escenario, en que los monopolios del pasado y del futuro, se tensionan ante las autoridades para repartirse de nuevo el pastel. Además, el usuario/cliente, se ha convertido en el producto que se mercadea en las grandes nubes. Esta nube le deja desamparado a él y sus intereses de un futuro que está a la vuelta de la esquina.

La realidad es que la economía colaborativa no es una nueva forma de economía.

No lo es a nivel de reparto de poder entre los que colaboran en esta economía, y los grandes actores que lideran esta economía. Estos últimos se convierten en nodos conectores de los diferentes oferentes que participan en la misma y acaban estando concentrados de una forma más acusada, teniendo en cuenta que su dominio de mercado es interregional, incluso mundial. China y otras excepciones, hacen que estos nuevos moguls, no acaparen el globo terráqueo. Por lo tanto, pasamos de monopolios, nacionales e incluso transnacionales, Europa, Latinoamérica, Asia, etc. a monopolios que recogen en su paraguas más de tres continentes. Esto es algo que, realmente, debe hacernos recapacitar.

¿Qué queremos?

¿Queremos que las decisiones sobre a qué barrios llega el servicio de transporte en nuestra ciudad se tomen en San Francisco Estados Unidos, como es el caso de UBER?  O que los recursos dedicados a la distribución de ciertos productos de primera necesidad se tomen al otro lado del atlántico, como es el caso de Amazon, que puede perfectamente, y una vez que se haya desprendido de sus competidores, decidir que no distribuye sus productos, por ejemplo, a las zonas rurales del Pirineo francés o del centro de Castilla.

«¿Queremos que las decisiones sobre a qué barrios llega el servicio de transporte en nuestra ciudad se tomen en San Francisco Estados Unidos, como es el caso de UBER?»

Dado que estamos en esta encrucijada, ¿cuál es la razón para no romper nuestros corsés de la imaginación y de la capacidad de visión estratégica y dar un paso valiente y crear desde Europa gigantes basados en un axioma diferente, en dar el poder al pueblo, en dar el poder de decisión a los miembros de la comunidad, a los que realmente son colaboradores, y por tanto artífices del éxito de dicha economía colaborativa. 

Economía colaborativa fluenZity

Demos a estos usuarios y colaboradores una gran parte del valor que generan dentro del proyecto, no un porcentaje de los ingresos, sino una participación en el accionariado, en los beneficios y en la capacidad de decisión de los diferentes pasos que se dan en esta economía.

Unido a esto, debemos ser capaces de darles a estos usuarios/colaboradores, la capacidad de decisión de forma consecuente con su labor y aportaciones, es decir, regir su destino y los principios sobre los que se basa el proyecto, de esa forma, si se trata de una comunidad colaborativa en la que se ponen en común los recursos de transporte particulares, como inicialmente se suponía que harían los Uber del mundo, realmente sean estos conductores y dueños de vehículos, los que, entre todos, deciden dónde se extiende la cobertura de los servicios que se ofrecen; en el caso de los repartos a domicilio o de las ventas al por menor, las decisiones se toman por los pequeños/medianos fabricantes de sus productos y no por parte del hub que los concentra, sea Amazon o Aliexpress.

Existe en este nuevo planteamiento dos variables importantes: el reparto del valor que se genera entre todos y el de cómo se hace el reparto de la toma de decisiones, para que la guía de los pasos que se den en el futuro no sea concentrada, sino que sea descentralizado.

¿Esta economía colaborativa es viable?, nos preguntamos desde fluenZity

Si hemos estado atentos a las publicaciones financieras de los últimos años, habremos visto el “palabro” de moda, blockchain o cadena de bloques. Hay miles de artículos hablando de esto, así que no voy a entrar en detalle en este asunto. Voy a destacar dos cosas:

1-  Para fluenZity blockchain no es un fin sino una herramienta;

2- Para flueZity no solo sirve como herramienta financiera, sino que es mucho más que eso, puede ser la palanca que de un vuelco a nuestra economía y transforme para siempre nuestras vidas haciendo desaparecer los monopolios, creando economías sostenibles basadas en los intereses de sus integrantes y, como hizo Internet con el acceso a la información que transforma nuestra sociedad, blockchain, pueda transformar de nuevo nuestras vidas, pero esta vez en la parte que más afecta a nuestros bolsillos y a los bolsillos de las siguientes generaciones….